miércoles, 20 de agosto de 2008

Cuestiones sociales


Hoy pensaba en la gente de Africa que viene a Europa en busca de un destino mejor y trabaja en el campo, cosechando fruta o sembrando.

Pensaba en como llegan en pateras algunos/as, en como muchos/as otros mueren el en Mediterraneo tratando de cumplir quizas el mismo sueño que trataron de cumplir sus familiares sin llegar a concretarlos.


Cuántas mujeres con hijos chiquitos, embarazadas,  luego son regresadas vaya a saber uno a dónde! Cuantos de esos hombres son tirados en medio del desierto, condenados a una suerte que en el mejor de los casos los ayude a sobrevivir en la misma miseria o en otra peor de la que ya padecían.

Ya no me pregunto por qué el mundo es como es.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Por tus buenas intenciones, quizá expresadas de modo precipitado, te hago un regalo; igual ya lo tienes.

Son las palabras más bellas que nunca jamás, despues de más de 1.000 páginas, escribió San Agustin, y fueron las últimas. Pertenecen a su gran obra "La ciudad de Dios"; quizá si alguna vez hubiera existido esa ciudad, nunca habría tenido lugar tu comentario.

Yo sé, aunque nunca lo has exteriorizado, que no eres excesivamente religiosa; yo tampoco. Y San Agustin simboliza el éxtasis. Joder, qué alejado de todo lo actual, no?

Te regalo las últimas palabras que pronunció en sus extensos escritos; sólo te pido que las leas tres veces seguidas. Y acompaño un comentario de L. Tosti, un crítico historiador italiano.

EN LA CIUDAD DE DIOS SE CUMPLIRÁ AQUEL DESCANSAD Y VED QUE YO SOY EL SEÑOR. ESE SERÁ REALMENTE EL SÁBADO SUPREMO QUE NO TIENE OCASO, CANTAREMOS Y CONTEMPLAREMOS, CONTEMPLAREMOS Y AMAREMOS, AMAREMOS Y ALABAREMOS. HE AQUÍ LO QUE HABRÁ AL FIN, MÁS SIN FIN. PUES ¿QUÉ OTRO PUEDE SER NUESTRO FIN SINO LLEGAR AL REINO QUE NO TIENE FIN?

Con esta visión de libertad, de paz, de reposo, de contemplación fruitiva y posesiva del sumo bien, en que se resumen todos los bienes y hermosuras acaba, como con un canto de cisne, LA CIUDAD DE DIOS. Estas últimas palabras han resonado en los oídos de la humanidad como una música de otro mundo, elevando a la patria celestial el poema lírico que termina su razonamiento. A aquel que atentamente investiga en la historia la razón moral de los pueblos aparece esta poesía como una dichosa vena de paraíso que alivia y conforta el pecho de atribuladas generaciones, sanando sus heridas y haciendo germinar la esperanza del porvernir como una rociada que se expande y suaviza la corteza de la nueva cilización.

Ojalá, jamonia, ojalá.

Te recomiendo cualquier cosa de San Agustín (y de Santo Tomás, y de todos).

Un afectuoso saludo a tu familia y a tí.

Firmado: PAYOPONI

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